Caribe Sur: un “pequeño país” sostenido por los manglares

Caribe Sur: un “pequeño país” sostenido por los manglares

Quinta entrega Serie “Caribe Sur”: Crónica de una expedición

 

El mar es la despensa del mundo. Esta afirmación debería reflejarse en la importancia que se da al sector pesquero artesanal de Antioquia, que posee la segunda costa más larga del Caribe colombiano después de La Guajira. Sin embargo, este sector atraviesa una profunda crisis social y económica hace muchos años, y sus clamores rara vez tienen eco en la sociedad antioqueña del interior. Vivimos de espaldas al mar y a sus gentes.

 

Por: Juan Felipe Blanco Libreros , Ph.D. Profesor titular Instituto de Biología, Universidad de Antioquia.

 

He vuelto a recorrer la costa de Antioquia entre las bocas del Atrato y Arboletes, diez años después de mi primera visita en 2006. Pero la recorro mirándola con los ojos puestos en sus gentes y no solamente en sus playas, manglares y aguas costeras. Junto a un grupo de investigadores de la Universidad de Antioquia, compuesto por antropólogos, nutricionistas, microbiólogos, ingenieros pesqueros y, obviamente, biólogos, llevamos una semana visitando poblados de pescadores.

 

Se dice coloquialmente que el mar es la despensa del mundo. Esta afirmación debería verse localmente reflejada en la importancia que se le da al sector pesquero artesanal del Departamento de Antioquia, el cual posee la segunda costa más larga del Caribe colombiano después del Departamento de La Guajira. Sin embargo, este sector atraviesa una profunda crisis social y económica desde hace muchos años, y sus clamores rara vez tienen eco en la sociedad antioqueña del interior. Básicamente vivimos de espaldas al mar y a sus gentes.

 

Intercambiar conocimientos con la comunidad costera

 

Aunque ahora continúo estudiando los manglares, específicamente su papel como sala-cuna y sitio de alimento de los peces que son capturados y finalmente comercializados, el intercambio de conocimientos con colegas de otras disciplinas de las ciencias sociales y humanas, y con los pescadores, me ha llevado a entender que no podemos estudiar la naturaleza sin estudiar y escuchar al ser humano, y viceversa.

 

Por invitación de la investigadora Jenny Leal Flórez, profesora de la Sede de Ciencias del Mar de la Universidad de Antioquia, Seccional Turbo, desde hace un año visito regularmente las Bocas del Atrato, y anualmente me uno al grupo que recorre la costa antioqueña para realizar el intercambio de conocimientos y dar cuenta de los avances del estudio.

 

El objetivo es afrontar la problemática del sector pesquero mediante un diagnóstico de las fortalezas y amenazas, y así proponer lineamientos para su ordenamiento. La propuesta la hizo la profesora Leal y la apuesta la hizo la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de la Gobernación de Antioquia, con recursos del Sistema General de Regalías y el acompañamiento de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP) y la Corporación para el Desarrollo Sostenible de Urabá (CORPOURABA).

 

Después de un año y medio de muestreos mensuales en los manglares del Atrato, mi equipo y yo tenemos clara la importancia del funcionamiento de estos ecosistemas. La compartimos con los habitantes de Bocas del Atrato, en medio de una reunión en la caseta comunal que lleva por nombre “Decio Mosquera Quejada”, uno de los líderes más viejos. Para romper el hielo digo, los peces nos dan “fóforo”, algunos se ríen entendiendo el mal chiste. Mostrando ahora un dibujo hecho con marcadores sobre una cartulina, indico que ese fósforo y otros nutrientes de los peces vienen de las hojas de los árboles de mangle. Un pescador me replica que “los peces no comen hojas” y todos en el auditorio se echan a reír.

Retornada la calma, aclaro que eso es cierto, pero que las hojas después de caer se deshacen sobre el suelo por efecto de los hongos y bacterias, y también de los caracoles y cangrejos. Después los pedacitos de hojas ennegrecidas son arrastrados hacia el mar, donde se desmenuzan aun más y son comidas por minúsculos camarones, los cuales son el alimento de peces pequeños y grandes. En resumen, esa es la historia.

 

EL Caribe Sur es un “pequeño país”, donde la inmensidad del río Atrato y sus manglares, sostiene la vida y la economía de la región.

 

Se necesitan alternativas productivas y económicas para el Caribe Sur: se propone la acuacultura, la acuaponía, cultivos de micro-algas, entre otras.

 

No es posible conservar la naturaleza sin abordar las necesidades de los habitantes locales y sin comprometer a los diferentes actores sectoriales de la sociedad antioqueña.

 

Los 11 peces más consumidos en la región son fuente importante de ácidos grasos (omega 3 y omega 6), benéficos para las funciones cardíacas y cerebrales. También son fuente de oligo-elementos o metales “buenos”, como el hierro, el cobre y el zinc, entre otros.

 

 

 

 

 

Manglares sostienen economía y nutrición del Caribe Sur

 

Los números son contundentes y al mismo tiempo sorprendentes: en una hectárea caen anualmente de la copa de los árboles, alrededor de 10 toneladas de hojas, las cuales se descomponen a razón de 1% por día, convirtiéndose en un caldo nutritivo y en pequeños animales invertebrados, los cuales serán por diferentes vías el alimento de una cincuentena de peces y camarones pescados por más de 2.000 pescadores, que junto con sus familias totalizan unas 10.000 personas de alrededor de 25 poblados distribuidos a lo largo de los más de 500 kilómetros de costa de los 4 municipios del Urabá antioqueño. Es un “pequeño país” donde la inmensidad del río Atrato y sus manglares, sostiene la vida y la economía de la región.

 

En otra parada en una comunidad de Turbo, Claudia Velásquez y Beatriz López, profesoras de la Escuela de Nutrición y Dietética, hablan de la importancia que tiene para la seguridad alimentaria el consumo de pescado en la región. Explican que los 11 peces más consumidos son fuente importante de ácidos grasos (omega 3 y omega 6), benéficos para las funciones cardíacas y cerebrales. También son fuente de oligo-elementos o metales “buenos”, como el hierro, el cobre y el zinc, entre otros. Por lo tanto, recomiendan el consumo variado de cojinúa, jurel y sábalo, entre 1 y 3 veces por semana. Sacan una muestra en forma de tabla plástica gruesa del tamaño de una mano para indicar las porciones recomendadas y un pescador se queja porque dice que “eso es muy poquito”.

 

La profesora Jenny Leal, líder del monitoreo de los sitios de desembarco pesquero y del estudio científico de los sitios de pesca, muestra la lista de peces capturados a lo largo de toda la costa del Urabá antioqueño. Con mantas, anzuelos, arpón y atarrayas, son capturadas cerca de un centenar de especies en toda la región. Desde las más grandes como el sable, el sábalo y la sierra, hasta las más pequeñas como las anchoas, las mojarras y las sardinas, pasan algún tiempo viviendo y alimentándose dentro del manglar. El Roto en el Atrato, Turbo, Necoclí y Arboletes, son los principales sitios de desembarco de las faenas de pesca y de comercialización de estas especies.

 

El sector pesquero artesanal está en crisis y su solución requiere el apoyo de muchas personas y entidades.

 

La profesora y su equipo también muestran sobre un mapa algunos de los sitios de reproducción de los peces, indicados por la presencia de huevos y juveniles. Por ello enfatiza que se deben respetar las tallas mínimas de pesca, para garantizar que los individuos se hayan reproducido al menos una vez en su vida. Los reyes de la pesca artesanal son los bagres, barbudos, tetones o chivos. Salen abundantemente en las mantas y las atarrayas, principalmente cuando se pesca cerca al manglar. Allí también se atrapan róbalos y anchoas o lisas, y crustáceos como los camarones blancos y las jaibas o cangrejos.

 

En esencia, “pescadores”

 

Pero las faenas de pesca la llevan a cabo personas con sentimientos y pensamientos. Un pescador dice que no puede pasar un día sin que vaya al mar: el mar lo llama, él responde y hablan. Ellos tienen una historia, unas luchas diarias, unos anhelos. Algunos pescadores nacieron o se criaron en la costa de Urabá, pero la gran mayoría provienen de diferentes partes de Chocó y Antioquia, desplazados por el conflicto armado, y se asentaron en las Bocas del Atrato, Puerto César o en Turbo. Otros vinieron de Córdoba o Bolívar, y se asentaron en Arboletes, San Juan o Necoclí. Sin embargo, todos se llaman “pescadores”: es su identidad, aunque la crisis económica del sector y los cambios ambientales del Golfo los estén obligando a buscar otras fuentes de ingreso.

 

Retos y desafíos a diario

 

El profesor Vladimir Montoya, del Instituto de Estudios Regionales (INER), nos cuenta en una reunión en Necoclí, de los retos que afronta cada comunidad. Para algunas es el aislamiento que los limita para comercializar sus productos, para otras es la pobre organización, para otras es la erosión costera, para otras es la contaminación. Algunas culpan a la pesca industrial por la disminución de los recursos, mientras que otras culpan al clima. Pero ahora también ha aparecido otro enemigo, la pesca ilegal llamada “cerco del manglar”, que se realiza talando árboles grandes de la orilla y arrastrándolos a una parte honda, en donde los peces se agruparán y crecerán durante algunos meses.

 

Muchos pescadores han perdido sus mallas enredadas en estas empalizadas, porque nadie sabe donde se encuentran. Quienes hacen las empalizadas las ubican con navegador GPS y luego vienen con grandes redes y buzos en embarcaciones con motores potentes, y se llevan todo lo que encuentran. Es un nuevo legado del narcotráfico, una suerte de pesca deportiva. Y una vez más el pescador sufre un desplazamiento en su propio mar, aquel “que no le pide papeles a nadie”, como lo dijo un pescador.

 

En una hectárea caen anualmente de la copa de los árboles, alrededor de 10 toneladas de hojas, las cuales se descomponen a razón de 1% por día, convirtiéndose en un caldo nutritivo y en pequeños animales invertebrados, los cuales serán el alimento de una cincuentena de peces y camarones.

 

 

El Caribe Sur necesita de todos

 

Se necesitan alternativas productivas y económicas para este sector, pero pocas se ven en el panorama. La Universidad de Antioquia ha propuesto la acuacultura como alternativa, pero aún se requiere validación de los procesos para no transferir tecnologías que conlleven a fracasos económicos.

 

Fabio Castaño, investigador de la Sede de Ciencias del Mar, lideró un proyecto piloto de acuaponía, cultivo de peces y hortalizas en tanques plásticos, que optimiza el uso del agua reciclándola. Con ello, los nutrientes que se le echan con el alimento a las cachamas o tilapias y los desechos que producen, son trasladados a otros tanques donde se favorece el crecimiento de las hortalizas. En aproximadamente un mes se tienen lechugas y otras hortalizas listas para servir y acompañar el pescado.

 

Por otra parte, los profesores Alejandro Acosta y Richard Zapata, de la Escuela de Microbiología, experimentaron con cultivos de micro-algas para alimentar peces en cautiverio, con buenos resultados. Nos explicaron durante los recorridos por las comunidades de pescadores, que son una fuente de ácidos grasos benéficos para la salud y sirven para alimentar no solo a los peces, sino a pequeños camarones llamados
“artemias” que sirven de alimento para los pescados y aún para los humanos.

 

El sector pesquero artesanal está en crisis y su solución requiere el apoyo de muchas personas y entidades. Recorrer la costa de Urabá una vez más, me lleva comprender los desafíos de la gente que vive del mar: La lucha con el clima y la erosión costera, la variabilidad de la producción pesquera, la falta de tierras para asentarse y desarrollar otras actividades como la agricultura, la deforestación del manglar y la contaminación de las aguas. Estoy seguro que no es posible conservar la naturaleza sin abordar las necesidades de los habitantes locales y sin comprometer a los diferentes actores sectoriales de la sociedad antioqueña.

 

El 8 de junio se celebró el Día Mundial de los Océanos: sea esta la oportunidad para celebrar el mar que tenemos y todo lo que nos brinda, pero también un recordatorio de la responsabilidad ambiental para protegerlo y la responsabilidad social con las comunidades de pescadores.

Comentar

Su correo no será publicado. Todos los campos son obligatorios*