El rugido del jaguar

El rugido del jaguar

Por Ana Paola Martínez de la Ossa.

Hace un par de años pensar que Córdoba pudiera tener una selección de fútbol era casi una utopía. El béisbol y el boxeo eran los deportes insignes, aunque no por ello se contaba con los mejores escenarios para practicarlos y mostrarlos. En enero de 2013, empezó con pie derecho Jaguares Fútbol Club S.A., más conocido como Jaguares de Córdoba.

Visión Total Caribe habló con el actual capitán del equipo, Wílder José Salazar Cuítiva, un monteriano que ostenta con orgullo la camiseta de los felinos. Para él, la experiencia en Jaguares ha sido muy significativa. Pronto cumplirá dos años con el equipo y considera que la satisfacción que experimenta se debe, en gran medida, al protagonismo que tuvieron en la B. “La primera final con América de Cali y el ascenso fueron gratificantes para mí, como futbolista, y para todo el pueblo cordobés”, asegura.

Wílder vive entre dos pasiones: su familia y el fútbol. La primera es el aliciente y la motivación para levantarse cada día, a tratar de superarse a sí mismo y desempeñarse mejor en el deporte. En el segundo aspira a llegar muy lejos y ser fichado por uno de los equipos grandes del fútbol profesional.

Wílder nació en Montería, el 18 de septiembre de 1985. A los cinco años entró a la escuela de fútbol Rey Pelé, bajo la dirección del profesor Juan Pablo Dechamps, a quien considera artífice de su carrera como futbolista. Posteriormente, a los 16 años, llegó al Club Deportivo Alexis García y a los 17 estuvo en Deportes Tolima. “Pasé a la categoría Primera C en el municipio de Sahagún y a la Primera B con el Córdoba Fútbol Club, estuve en Bajo Cauca F.C., Uniautónoma F.C., Valledupar F.C, Depor Aguablanca, en la ciudad de Cali, y de allí volví a Montería para quedarme con mi actual equipo: Jaguares”, relata este felino.

Wílder vive en el barrio Mogambo, sur de Montería. Está comprometido con la causa de Jaguares y su estancia en el equipo le ha permitido preocuparse por seguir creciendo, desempeñar un buen papel y contribuir al buen nombre de la región. No obstante, es un hombre que sueña con llevar su carrera a otro nivel: “Siempre he soñado, a nivel futbolístico, con estar en Independiente Santa Fe, Once Caldas, Junior o Atlético Nacional. Esos son los equipos en los que espero estar algún día”, dice.

Este joven monteriano considera que le ve futuro a Jaguares, porque dentro de la cancha siempre todos los jugadores tratan de dar lo mejor y porque, además, en las divisiones menores hay grandes elementos. “El reto es sostenerse en la primera división. Montería y todo Córdoba lo merecen, porque ésta es una buena plaza, la gente apoya y porque la ciudad va creciendo”.

Wílder afirma que el mejor gol que ha marcado su carrera, además de uno espectacular que anotó recientemente contra el Deportivo Cali (1-0), fue el que hizo contra América de Cali en la final del Torneo Postobón I en 2014 (4-1). “Ese gol fue un grano de arena importante para conseguir el cupo en el campeonato de la B, siempre lo llevo presente”, recuerda con nostalgia.

Tiene un hijo de dos años, quien desde ya le sigue los pasos persiguiendo la pelota. Su esposa tiene siete meses de embarazo; espera una niña. “Ellos son mi motivación, lo que me hace despertar cada mañana con ganas de entrenar y de trabajar duro para darles la estabilidad que necesitan”, asegura.

Sobre el anterior técnico de Jaguares, Carlos Castro, sostiene: “Es una gran persona, trabajador, entregado a lo que hace; creo que él va a conseguir cosas importantes, porque todo lo hace de la mejor manera, para que los jugadores estén bien preparados en cada partido”.

Wílder es un hombre apasionado por el fútbol y por su familia, ve con grandes expectativas su futuro y el de sus compañeros. Dentro de la cancha es un volante destacado; un volante mixto, que arranca desde la parte posterior de la cancha y analiza con sigilo el panorama del equipo rival.

Los cordobeses, por su parte, aprecian que sea un jugador nativo el capitán de este prometedor equipo de felinos, que siempre salen a devorar la cancha.

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