• La exploración científica del Caribe sur

La exploración científica del Caribe sur

Urabá es un crisol no solo de culturas sino de riqueza biótica, como quiera que allí confluyen las regiones pacífica y caribe.

 

Por: Juan Felipe Blanco Libreros, Ph.D., profesor titular Instituto de Biología, Universidad de Antioquia

Los ojos del amor permiten ver la belleza que otros no ven. Hace 11 años visité por primera vez la región de Urabá, en Antioquia, específicamente la ciudad de Turbo y, debo confesarlo, fue amor a primera vista. Esto puede parecer extraño para los habitantes de otras regiones de Antioquia y de otros departamentos del Caribe, ya que el nombre Urabá estuvo, y sigue estando, relacionado con violencia, caos y aislamiento. Además, Urabá en el imaginario de la mayoría de los colombianos está asociado con selvas salvajes, clima inclemente, enfermedades tropicales y, en el mejor de los casos, extensas plantaciones de banano.

Parado en la playa de Turbo divisé la inmensidad de un golfo, que parece un mar, en el cual la mirada apenas alcanza a percibir la otra orilla y, a lo lejos, la serranía del Darién, en el límite con Panamá. En las calles me deslumbró la mezcla de razas: los negros, los indígenas y los colonos costeños y paisas. El sonido estridente de los “picós”, en los que retumba la champeta, me transportó por momentos a Cartagena; cuando sonó la salsa, rememoré a Cali y Buenaventura. Cuando abrieron los primeros negocios de cacharros, aparecieron los vendedores y vendedoras con acento paisa. Luego, se acercó un vendedor de carimañolas y butifarras, con acento cordobés.

A medida que transcurrió la mañana, la fresca brisa marina se fue convirtiendo en un denso aire caliente y húmedo. El cielo se nubló de repente y cayó un aguacero torrencial. El calor y la humedad fueron aún mayores. Mi mente ya no distinguía si estaba en el Pacífico, en Buenaventura o en Quibdó, o en Barranquilla, en el Caribe. Por todo eso, Urabá es un crisol donde históricamente han convergido la naturaleza, el clima y las gentes del Pacífico y del Caribe. Estar en Urabá es estar en muchas partes al mismo tiempo.

 

La expedición

Después de un año de viajes con cursos académicos dentro de la carrera de biología en la Universidad de Antioquia, había estudiado junto a mis estudiantes la historia, el clima, la geología y los ecosistemas de las costas de Chocó y de Antioquia. Ya había leído sobre la exuberancia de los bosques de la costa escarpada del Darién chocoano, que muere abruptamente en el mar y se transforma en los arrecifes coralinos bajo las aguas cristalinas. Había aprendido que el inmenso río Atrato, que nace en el lluvioso departamento del Chocó aguas arriba de Quibdó, desemboca en la costa occidental del Golfo de Urabá y es el hogar de extensos y enormes manglares, los bosques del mar. Ya había visto en los viajes por tierra que las costas oriental y norte del Golfo son importantes zonas de explotación bananera y ganadera, respectivamente. Pero no había recorrido esta inmensa región… tampoco lo había hecho nadie recientemente y menos para documentar esta riqueza natural. Surgió en mí el deseo por conocer más de la historia socio-económica y, sobretodo, de realizar investigaciones científicas sobre la historia natural de las costas. Por ello, devoré los estudios que biólogos, geólogos y oceanógrafos de la Universidad Nacional de Colombia en la Sede Medellín, de la Universidad EAFIT y de otras instituciones habían realizado desde los años ochentas.

En 2007 apareció una oportunidad de oro. La Gobernación y la Universidad de Antioquia querían celebrar, en 2013, los 200 años de independencia del departamento con una “expedición” similar a la Expedición Botánica, realizada por José Celestino Mutis en 1783. La Secretaría de Planeación Departamental y la Vicerrectoría de Investigaciones de la Universidad nos convocaron a varios profesores a mitad de año para que, con una primera financiación, recorriéramos las bibliotecas y archivos del departamento y otras instituciones donde pudiésemos encontrar información sobre los ecosistemas de Antioquia, con el fin de identificar las regiones menos conocidas y así pensar en nuevas formas de desarrollo, basadas en la riqueza natural.

Como miembro de esta misión, durante varias semanas me di a la tarea de recorrer, juntamente con un puñado de estudiantes y profesionales, varias bibliotecas de Antioquia y el Caribe, así como archivos de varias instituciones de la región de Urabá, incluyendo la Corporación para el Desarrollo Sostenible de Urabá, Corpourabá. Al tener tal acervo de información, el desafío fue estudiar esa literatura, hacer una síntesis y plantear una investigación que permitiera conocer el estado actual y las riquezas de la costa de ese territorio llamado Urabá.

Convoqué a varios colegas de las Universidades de Antioquia, EAFIT y la Nacional de Colombia (Sede Medellín) para compartir y discutir la idea de realizar una expedición científica a las costas del Golfo de Urabá. Todos se mostraron no solo interesados en la idea sino que hicieron muy buenos aportes para mejorar la propuesta y manifestaron su deseo de integrarse a la posible “Expedición”. Esta idea se le presentó a finales de 2007 a la Gobernación y a la Universidad de Antioquia con el fin de hacer, por una parte, una cartografía actualizada (un mapa basado en fotografías aéreas de alta resolución) de la costa de Antioquia y la de su vecino Chocó y, por otra, un inventario de los manglares, su fauna y su flora.

Pasó cerca de un año sin mucha claridad sobre si se iba a realizar dicha expedición. En noviembre de 2008 me informaron que la “Expedición al Golfo de Urabá” sería financiada, pero no para hacerla durante cinco años sino durante un año y por lo tanto se requería hacer ajustes al presupuesto y cronograma. Entre la tristeza y la alegría, hicimos los ajustes y nos preparamos para iniciar la exploración por tierra, mar y aire de la costa entre Sapzurro en Chocó, en el límite con Panamá, y Arboletes en Antioquia, en el límite con Córdoba.

En diciembre de 2008, el grupo de biólogos, ingenieros forestales, oceanógrafos y geólogos iniciamos los preparativos legales, financieros y logísticos del proyecto, y el año nuevo nos recibió con el optimismo renovado para arrancar la exploración del Caribe sur de Colombia. Iniciaba así una nueva etapa en el romance con ese Golfo, cuyo nombre de mujer significa “tierra prometida”, en la lengua de los indígenas Tule de la familia Kuna, quienes llegaron desde el Darién panameño, siglos antes de que Cristóbal Colón y Alonso de Ojeda se toparan con estas tierras de las Indias Occidentales.

Urabá es más que violencia, conflicto y desigualdad económica. Es un campo de estudio infinito y un pulmón del planeta; un espacio donde se amalgaman diversas culturas y etnias.

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