La Ruta del Esclavo: una cuota de reparación étnica

La Ruta del Esclavo: una cuota de reparación étnica

En Cartagena, como un atractivo turístico, pero también para conocer la historia y reconocer el aporte de los negros, se creó la “Ruta del Esclavo”.

 

Por: Víctor Menco Haekermann. Redacción y fotografías.

 

Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, escribió el autor español Jorge Santayana. Por esta razón, la Unesco decidió emprender un programa que hiciera visible la diáspora forzosa de seres humanos del continente africano a otros territorios, la cual dejó consecuencias nefastas para las sociedades modernas, principalmente la pobreza y la exclusión social de la población afrodescendiente. Colombia que, según el censo del Dane en 2015 cuenta con un 10,62 por ciento de afrodescendientes, no se podía quedar al margen de este proyecto, más cuando tuvo el principal puerto negrero durante la época de dominación española en la América continental: Cartagena.

Propuesto por Haití, el proyecto se inició en 1994 en Ouidah (Benín) con el título: “La Ruta del Esclavo: resistencia, libertad, patrimonio”. En resumidas cuentas, se propone instruir sobre las causas y el funcionamiento de la esclavitud y la trata de negros, sus consecuencias en el mundo y sus interacciones derivadas; generar espacios para la reflexión intercultural y la participación de las comunidades afrodescendientes; y elaborar nuevas guías para identificación, preservación, y promoción de sitios, itinerarios y patrimonio inmaterial.

La Ruta del Esclavo en Cartagena

El programa La Ruta del Esclavo se encuentra en una etapa intermedia en la ciudad Heroica. Tras su lanzamiento el 24 de mayo del presente año, ya se puede ver la señalización de los sitios relacionados con esta ruta, que inicia en el puerto de la Bahía de las Ánimas, e involucra la Boca del Puente (Torre del Reloj) y la Plaza de la Aduana, entre otros espacios. Entre todos ellos, sobresale la Plaza de los Coches o del Esclavo (junto a la Torre), el lugar donde se vendía a los negros en la Colonia, para luego ser llevados a otras bases españolas en el resto de América. Otros destinos, como Getsemaní y las mismas murallas, se observan como espacios resignificados donde ocurrieron eventos claves de la gesta libertaria de negros y mulatos.

Quien realizó la investigación histórica que está detrás del programa en Cartagena, por encargo del Ministerio de Cultura, fue Javier Ortiz Cassiani, historiador de la Universidad de Cartagena y magíster en Historia de la Universidad de los Andes. Con el título de La memoria incómoda: afrodescendientes y lugares de memoria en Cartagena de Indias, el estudio trasciende la aproximación histórica hacia el pasado: “Es, sobre todo, una forma de llamar la atención sobre la población afrodescendiente actual, que se mueve por esos espacios. No estaríamos haciendo absolutamente nada si solo reconociéramos a los sujetos históricos” afirma Ortiz.

El impacto en el turismo

Recientemente, se lanzó la cartilla Sitios de memoria de la esclavitud, una herramienta para que los guías de turismo del Corralito de Piedra puedan transmitir el estudio a los visitantes. Según la Corporación de Turismo de Cartagena, ya se han iniciado unas pruebas piloto de visitas guiadas en los escenarios de la ciudad, y se espera que estén disponibles para todo el público muy pronto.

Para Javier Ortiz Cassiani es importante que en este discurso turístico se logren incluir referencias a la importancia de la población negra en la construcción de la sociedad, pues, en sus palabras, no existe el más mínimo escenario de Cartagena de Indias donde no haya habido presencia histórica de población africana: “la arquitectura, las construcciones militares, la música, la danza, la gastronomía, las creencias religiosas populares, no se podrían entender sin tener en cuenta que existen de determinada manera, en gran medida, gracias a la población negra”.

Reparación histórica

Sobre si el proyecto podría propiciar una reparación económica y moral a los afrodescendientes por parte de la Nación, el investigador sostiene que este tema es uno de los más difíciles de abordar, porque encierra varios elementos complejos: “Nos lleva a preguntarnos por la responsabilidad histórica de las naciones actuales en el tema de la trata, sin desconocer que ya no son exactamente las mismas potencias imperiales que practicaron el tráfico con seres humanos. Las distancias temporales con el momento en que ocurrieron los hechos juegan un papel importante aquí”.

Le preocupa, por ejemplo, que la Ley de Víctimas determine un período que toma como punto de partida el año de 1985, “mientras las víctimas negras e indígenas dicen: ‘pensemos esto mejor, nosotros somos víctimas desde antes. Tenemos un dolor más antiguo’”. Sin embargo, este reconocimiento de las improntas visuales y sentimentales de la diáspora africana, ínfimo en la historia déspota del mundo, podría convertirse en la piedra angular sobre la que se construya un mundo que duerma un poco más tranquilo.

 

 

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